SENDERO
Esto es reciente, es lo que tiene el ponerse a rebuscar por ahí, que te dan ganas de rememorar y seguir con aquello que dejaste pendiente, espero vuestras opiniones, siempre tenidas en cuenta.
Un día se encontró más solo que nunca, pues a eso es a lo que había llegado, sin recordar como. Respiró hondo y miró a su alrededor. No encontró nada ni nadie.
Su mente daba vueltas en remolinos serpenteantes sin llegar a atar ningún cabo, pero algo si tenía claro en su mente, y decidió agarrarse a ello.
Echó un vistazo a sí mismo. Ropa, la puesta, nada en las manos, nada en la espalda ni la cabeza... solo camino y él mismo.
Pero sentía que algo le empujaba hacia adelante, a caminar, y dentro de sí estaba seguro de hacerlo, tenía que hacerlo.
Así, emprendió el camino, y fue como dio sus primeros pasos hacia su destino, pues estaba seguro de que ese era el único que tenía, y lo único que tenía.
Alargó sus pasos por la llanura, interminable en el horizonte, a veces árida, a veces boscosa e impenetrable, aunque no iba a dejar que eso le detuviera. En su mente solo su objetivo, en el camino nadie que sirviera de guía o distracción.
Su estómago se acostumbró a estar vacío y decidieron mutuamente dejar de exixtir el uno para el otro. Nada, ni siquiera él mismo, le podía apartar de su empresa.
Dias, semanas, para él siglos, y notaba como solo su mente, sus ojos, sus pies y manos continuaban con él. Más que suficiente.
Un dia, quizás durante muchos, pasó cerca de la orilla del mar, y entonces tuvo su primera percepción externa en mucho tiempo. No alcanzó a ser más que una sombra que deambuló a su alrededor, pero que le distrajo por unos instantes. Inclusó dusó si esa era una señal que debía de seguir, aunque se equivocara al final, pues quizás eso formaba parte de su destino.
Continuó adelante. Las olas dejaron de sonar, el rumor del viento las sustituyó. En ocasiones le hacía avanzar más lento, en otras le empujaba fuera de su camino, pero su voluntad no se perturbó y prosiguió en línea recta por el mismo sendero que se había marcado.
El viento amainó, quizás al ver que no conseguía su propósito, y más tarde se encontró con las rocas, que salían a su paso para perturbarle.
Estas ralentizaban la marcha del caminante, pero no lo hicieron cambiar de rumbo, impertérrito, ni las más pequeñas ni las más voluminosas,pues aunque pudiera bordearlas él sabía que su camino era recto, y si había que subir las subía, y si le hacían bajar, bajaba.
Una noche encontró la montaña. Miró hacia arriba y la faz de su rostro cambió por primera vez desde aquella sombra en la orilla del mar, que parecía rondarle a la falda de aquel gigante petreo. Era consciente del esfuerzo que llegaba. Pero su alma, siempre viva, sabía que tenía la fuerza y la capacidad para escalarla. Así que apretó los dientes y prosiguió hacia su destino.
Sus pies seguían firmes en el camino, y sus manos le ayudaban, nada le iba a apartar, nada le iba a parar en su sendero.
Los elementos se conjuraron contra él, envidiosos del poder de su voluntad, elegiendo su propio destino. Unas veces el sol, como fuego abrasador. Otras el viento, unas veces gélido, otras huracanado. El agua se conjuraba con Eolo para entorpecer su camino, y la tierra alejaba su cumbre cada vez más.
Una vez más su voluntad no se quebrantó, consciente del complot hurdido contra él. a veces se parapetaba contra una roca, únicos momentos de parada en su camino, y allí vinieron los peores ataques.
Por su mente pasaban fantasmas en forma de recuerdos, cerrados los ojos, borrados al principio de su epopeya. Llenaban su mente de elementos ajenos a su destino, o de su obcecación con el mismo.
Cerró los ojos una vez más, y a él acudieron olores, fragancias suaves y agradables del pasado. Tactos, o recuerdos de los mismos, acompañados de las sombras de la orilla del mar y la falda de la montaña, le producían un placentero relajamiento. Pero tenía que abrir los ojos para no escuchar las voces, sonidos musicales de antaño, conversaciones confusas, susurros traídos por el viento de lugares remotos. Oía algo parecido a lo que una vez pudo ser su nombre, acompañado de otro que no alcanzaba a entender.
No quería escuchar, por primera vez sentía dolor e incertidumbre. Abrió los ojos y eligió el castigo de los elementos al que calificó como propio, y renegó de su mente.
Ahora, solo, prosigue su camino por algún sendero, víctima de su propia voluntad y su locura, quizás engañado por si mismo, quizás perturbado por sus recuerdos.
Puede que los elementos se la jugaran y vencieran, o fue él mismo, su propia mente. Quizás al traerle el recuerdo de lo que fue, quizás al renegar de su juicio... el obcecarse con su meta.
Lo único cierto es que sigue su camino, y solo él sabe dónde le lleva.